Cuento kilómetros - Mario Crespo

*El anterior dependiente se llamaba Claudio Rivera; acababa de llegar de uno de sus viajes y emprendía otro al día siguiente, por lo que solo pudimos cambiar unas breves impresiones; le devolví su libro y me deseó buena suerte: «disfrutarás en el quiosco, esos helados portan magia». Alertado por esa confesión, quise quedar con él, preguntarle por sus viajes e indagar sobre los conocimientos que pudiera facilitarme acerca de la fábrica de sueños. «Paro poco por la ciudad –me dijo,  si quieres ir viendo cómo son mis viajes, échale un vistazo a Cuento kilómetros, un libro del escritor zamorano Mario Crespo». Decidí hacerle caso.



Hacer parada en cada una de las estaciones de Cuento Kilómetros es revivir aventuras de juventud, reflejos de quien al igual que Claudio, tuvo la osadía de dejar el cómodo hogar para salir a conocer mundo y partirse la cara para juntar sus primeros ahorros.

Mario Crespo teje una historia conectando una sucesión de relatos en torno a la figura de Claudio Rivera. Misivas de sus amigos, narraciones directas del protagonista, así como del propio Mario. Distintas voces desgranan algunos de los episodios que marcaron su juventud mientras nos descubren cómo ha ido evolucionando su personalidad. En poco menos del centenar de hojas, transcurren diez años en la vida de Claudio. En sus desplazamientos por media Europa observamos cómo una visita turística puede convertirse en un acto de culto, somos espectadores directos de los distintos trabajos que le toca desempeñar, así como de las más diversas polémicas en las que se verá envuelto por ser fiel a su sentido de la justicia. Las sucesivas anécdotas son aderezadas con un calor muy humano. Igual se las ingenia para camelarse a un «oso mulato» en un burdel de Barcelona, que para salir airoso ante la policía inglesa, lidiar con la agresora directora de un hotel sueco en cuya frente resaltaban «tres venas talladas en altorrelieve» o conseguir que en el aula universitaria siga presente un compañero que se había suicidado. Sus andanzas le llevan a compartir techo y morral con los más variopintos personajes, entre ellos dos proxenetas, cuya convivencia resume Mario de manera elegante: «Al principio todo fue bien, por la vía de la diplomacia. Los tocamientos genitales vinieron después, a las pocas semanas». No quiero terminar esta reseña sin mencionar al sucio argelino, encargado de un restaurante de comida española en Inglaterra, al que tras la lectura, a más de uno apetecerá patearle el culo.

En medio de tantas lecturas convencionales, esta novela de Mario Crespo aporta un aire fresco, una prosa ágil y directa que seduce al lector desde la primera frase.


*Publicado originalmente en el blog literario El quiosco de los helados.




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