La tregua - Mario Benedetti

*Los días pasaban y continuaba tomando notas de cuanto ocurría. Es curioso la de cosas que se observan desde el otro lado del mostrador. Si tuviera que definir una característica común al cliente tipo, esa sería la sonrisa. Gente dispar, sin parecido apreciable, luciendo idéntica expresión a la hora de pedir su helado. Creo que es la sonrisa de la felicidad. Y me sorprendo pensando el porqué al escuchar esa palabra, «felicidad», automáticamente imaginamos otra vida distinta de la nuestra. Acaso la tenemos tan idealizada que nos cuesta trabajo dar con ella y la consumimos mientras seguimos añorándola. Una cosa tengo clara, si algún día descubro que esa sonrisa no era la de la felicidad, no tendré dudas, era la de La tregua.

Las primeras páginas de este libro se me hicieron demasiado monótonas. El palpable pesimismo, unido al formato de diario en que se desarrolla la novela, estuvo a punto de precipitar el cese de la lectura. Por suerte cuando esto sucedía, saltaba una chispa, una genialidad, una reflexión mágica sobre la vida o un punto de humor que me hacía seguir adelante y ver, que ese leer renqueante, decaía y quedaba atrapado en la historia para siempre. Entonces comprendí que Mario Benedetti había acertado con la fórmula, ideal para encontrar el verdadero sentido de la historia.

Martín Santomé, uruguayo, viudo, tres hijos, próximo a la jubilación escribe el diario de sus últimos días en la empresa. No se trata de un diario al uso, allí plasma deliciosamente sus más íntimas reflexiones y sentimientos. Su vida no ha sido la deseada y comienza a pensar en aquellas cosas que le hubiera gustado mejorar. En pleno análisis aparece en su vida Avellaneda, veinticinco años más joven, alterando la rutina y el ritmo cardiaco. El proceso de enamoramiento no es inmediato, y a menudo surgen sentimientos pasados. Retorna a su mente la imagen de su mujer mientras advierte que recuerda el color de sus ojos, pero ha olvidado su mirada «hacíamos el amor a oscuras. Será por eso.» «Acaso mirábamos demasiado los números… y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros». La vida no había sido fácil pues aún superando la muerte de su esposa «todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz». La relación con sus dos hijos varones tampoco ha sido la esperada y en sus defectos como hijos observa sus errores como padre. Su única hija «triste con vocación de alegre» al menos le comprende y acabará siendo su más fiel confidente. La rutinaria vida laboral se va acabando, «A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo», y empieza a plantearse una vida junto a Avellaneda, surgiendo así otro tipo de preocupaciones «Pero si usted es todavía un hombre joven. Todavía. ¿Cuántos años me quedan de todavía?» «Ahora tengo cincuenta años y soy “todavía joven”. Todavía quiere decir: se termina».

Brochazos de ternura salpicados de irónica melancolía conforman una de las más bonitas historias de amor, donde el sumo respeto a la mujer condicionan un mundo de pasión por Avellaneda que dejará al lector absorto. No obstante, y pese a que Benedetti utiliza el amor como telón de fondo, la historia es un órdago en toda regla a nuestra concepción de la felicidad «me revientan los aniversarios, las alegrías y las penas a plazo fijo», una tesis doctoral capaz de vaciar las consultas de los más prestigiosos psicólogos, y es que «la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar».


*Publicada originalmente en el blog literario El quiosco de los helados.





Comentarios

  1. Hola!
    Me gusto tu manera de contar de que trata el libro. Me llamó mucho la atención la historia. había escuchado del libro, pero la verdad no sabía de que trataba. Creo que lo compraré para poderlo leer.
    Te sigo en el blog =)
    Saludos!

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  2. Hola, Freundin y Coco:
    El libro cayó en mis manos por casualidad y aunque al principio me costó un poco habituarme a esa lectura en formato de diario, luego entendí que crea el ambiente idóneo para interiorizar la historia.
    Tan solo es mi percepción pero me encontré mucha verdad entre sus páginas. Prueba a leer alguna otra reseña, porque ya sabes cómo es esto de los gustos…
    Me apunto también a tu blog, que he visto que también le pegas a las reseñas; si finalmente lees “La tregua” espero leer la tuya.
    Un saludo,
    Luis.

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  3. Excelente reseña, Luis, me ha sorprendido muy positivamente.
    Jesús Ferrero

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  4. Muchas gracias, Jesús, desde mi posición de aficionado voy ensayando y compartiendo experiencias. Es todo un lujo que un Grande de las letras españolas se pasee por El quiosco de los helados.
    Un saludo,
    Luis

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  5. Tengo desde hace días la notificación de esta entrada en el correo. Tiene tanta información que me apetece leer que voy poco a poco. Me encantó La tregua. Leer esta reseña ha sido caer a sabiendas en el vicio de acumular lecturas. Me han entrado ganas de nuevo de volver a esa novela y saborearla más aún. Gracias por compartir tus lecturas.

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    1. Gracias Ana; leyendo tu comentario me está pasando lo mismo...
      :-)

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