No fue buena la primera sensación producida al ver la portada de este libro, con la imagen de esa bicicleta de incómodas ruedas que producen mareo de sólo imaginártelas rodando. Su título, «Aporta o aparta», parece una oda al egoísmo en su versión imperativa, por no hablar del subtítulo « Elimina de tu vida todo lo que no te deja avanzar», otra orden directa a sumar al total de obligaciones diarias, y que para más inri, te coloca al nivel del creador del mundo; has de saber «todo» lo que se supone «que no te deja avanzar» , y en caso que lo ignores, ¡oh, milagro de los milagros!, leyendo sus páginas lo averiguarás. Por si fuera poco con lo anterior, la información que nos brinda la solapa de la portada, respecto a su aparentemente joven autora, es que tras licenciarse en Psicología, ejerce en sus consultas de Barcelona, Valencia y Mallorca, y que «además posee diversos másteres». No sé si a algún tipo de lector le impresionarán este tipo de informaciones inconclusas, tan asoc...
*Los días pasaban y continuaba tomando notas de cuanto ocurría. Es curioso la de cosas que se observan desde el otro lado del mostrador. Si tuviera que definir una característica común al cliente tipo, esa sería la sonrisa. Gente dispar, sin parecido apreciable, luciendo idéntica expresión a la hora de pedir su helado. Creo que es la sonrisa de la felicidad. Y me sorprendo pensando el porqué al escuchar esa palabra, «felicidad», automáticamente imaginamos otra vida distinta de la nuestra. Acaso la tenemos tan idealizada que nos cuesta trabajo dar con ella y la consumimos mientras seguimos añorándola. Una cosa tengo clara, si algún día descubro que esa sonrisa no era la de la felicidad, no tendré dudas, era la de La tregua. Las primeras páginas de este libro se me hicieron demasiado monótonas. El palpable pesimismo, unido al formato de diario en que se desarrolla la novela, estuvo a punto de precipitar el cese de la lectura. Por suerte cuando esto sucedía, saltaba una chispa,...
*A medida que el frío va tomando protagonismo, el número de clientes que visitan el quiosco de los helados va decreciendo, manteniéndose el buen promedio de ventas gracias a los pedidos a domicilio, que no cesan. Hoteles, restaurantes y residencias son nuestros principales clientes. Este año hemos ampliado el área de reparto a otras localidades cercanas, a las que antes sólo llegábamos por compromiso moral con algunas órdenes religiosas. Cuando a final de temporada hacemos el balance de ventas es sorprendente el alto porcentaje de pedidos que las monjas de los conventos de clausura demandan en relación a las poquitas que son; no deja de ser curioso que ellas, expertas en el arte de la repostería, y en contacto directo con Dios, aún no hayan descubierto los ingredientes que utilizamos para elaborar nuestros helados de nata y sueño y sigan comprando nuestros productos con fidelidad. Hace unos días, cuando me disponía a repartir un pedido en uno de estos conventos, exactamente el de la...
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por participar.